domingo, 22 de septiembre de 2013

Dos verdugos y tres testigos


- I -
Las crónicas

Se atestiguó en una de las actas del caribe, que el Uróboros carente de temperamento tiene una nula noción del espacio. Vale acotar, que este animal no se la lleva bien en los espacios confinados debido a que se compone en su totalidad de una magnitud física que se hace llamar “tiempo”, que aunque se creyó atrapada en la atarraya de unos pescadores que navegaban cerca de las ruinas de la antigua ciudad de Nueva Cádiz, su captura fue imposible. Su aprehensión, es la perpetua locura del ser humano. 

El vuelo del Oripopo 2

Luego de la destrucción de los ostrales, la historia nos recuerda que no fue la fétida mordida del reptil la que causó la muerte del capitán del peñero y de su ayudante de pesca, sino el cansancio en desanudar e izar las extensiones de los eternos sistemas de redes que conforman a la gran atarraya. La confección de estas trampas (cosa que pocos conocen) es por medio de nudos que se van entrelazando con diferentes materiales caseros. Es el lugar donde descansan miles de pescados amordazados en forma de fiambres. Los vertebrados, que en su conjunto forman cúmulos de cuerpos asediados, encarnan el festín de los menesterosos en épocas de escasez, que en ocasiones aguardan a los momentos perfectos para que los agudos ojos de la trinidad o más bien de un trío de buitres (que por la eternidad han atestiguado en los hechos del mar caribe), glorifiquen los frutos que honran a tantos pescadores y que contradictoriamente desconciertan a las aves costeras que ahora son los malhechores que hurtan su propio alimento. 

- II -
La aprehensión del Uróboros

Uno de los testigos que merodeaba la embarcación dijo haber visto una madeja de nailon y varios plomos en el tobillo del ayudante de pesca que se encontraba en la cubierta de la nave. Ante el asombro, se preguntó por qué aquel hombre no pudo zafarse del enredo que él mismo había creado en la proa. Mientras tanto un segundo testigo, mejor adoctrinado en las ciencias marinas declara que visualizó la cabeza de un reptil que se enganchaba fuertemente sobre la popa, causando una marejada terrible que hizo tambalear a la embarcación, tensando fuertemente a la atarraya como si se tratase de un rodillo mecánico que iba engullendo a los vertebrados acuáticos a la profundidad del mar. El reptil, que terminó por girar su cuerpo de forma transversal, también ocasionó la enajenación del ayudante de pesca, que fatigado de luchar contra su propio enredo, terminó enmarañado de cuerpo entero en la red listo para ser tragado por el reptil como si se tratara de una larva en su fase inicial. 

Atarraya a las 14:11 

Entre tanto, el capitán se percató de lo ocurrido y corrió por la cubierta de la nave. Este propinó un fuerte golpe con el filo de uno de los anclas directo a la testa del reptil.

Nos cuenta un tercer testigo, que acto seguido el animal aferró su mandíbula con más fuerza al borde de la nave provocando un movimiento basculante que ocasionó la abrupta caída del capitán y su posterior desmayo. Los otros testigos mientras tanto empezaron con el festín. Una lluvia de pescados triturados en pedazos; de aletas, cabezas y espinazos hacía imaginar que los tres hambrientos seres eran acróbatas en medio de un circo de malabares sumergidos en la lucha por conseguir el tan apreciado alimento. Tiempo después, el trío estaba degustando de coro-coros que saltaban asfixiantes en cada uno de sus respectivos tragaderos. 

Atarraya a las 14:12 

¿Cuánto habrá transcurrido desde que empezó el festín? Los testigos no tenían noción alguna del tiempo por tratarse de una mera invención humana. Estaban los tres echados en la cubierta del barco atiborrados de pescados hasta las sienes. Empezaron a aletear para levantar el vuelo, pero casi no podían moverse y vieron cómo el reptil aflojaba las mandíbulas de la popa e iba cayendo desplomado a la profundidad del mar, tensando aún más el cuerpo del casi engullido ayudante de pesca que fue arrastrado a la impenetrable oscuridad del arrecife caribeño. El capitán luego se reincorporó. No volvió a ver a su ayudante ni a otros testigos en las cercanías, ya todos se habían marchado muy lejos. Un perol plástico que flotaba en el agua afloraba la esperanza de contar con alguno de los extremos para volver a levantar la atarraya. El capitán titubeó por un momento si izarla de nuevo o no, pero al final decidió por izarla. Lo que no sabía era que la inmensidad de la atarraya y su “sin final” terminarían por enloquecerlo de por vida. 

Atarraya a las 14:13 

Patrañas y apólogos del capitán se dijeron en todos confines de la tierra. Solamente dos verdugos fueron los que se posaron en la proa a esperar el día del juicio final. Algunos aseguraron que los verdugos son buitres y que ambos representan el transcurrir de la jornada en horas diurnas y nocturnas. Pero lo cierto es, que sus rostros nunca se pudieron ver. Hay quienes se atreven a argüir que ese par alientan al pobre hombre en el eterno izar de la gran atarraya. Al final, son sistemas de redes que descansan en las profundidades del mar caribe…lejos, muy lejos de una simple quimera creíble. 

Atarraya a las 14:14

Los verdugos, que desde el principio de la humanidad han observado al solitario capitán, no se han preguntado nada, solo argumentan que el tiempo es como un reptil que nos traga y que nos vomita. El tiempo expele de sus fauces interminables filamentos donde se anudan y se forman rombos con millares de coroticos que seducen a los animales marinos. Liberar a los pescados de estas complejas redes, es como librar de la muerte a aquel solitario capitán que aún se encuentra izando la gran atarraya en el cenit del eterno día, o quizás, de la eterna noche en espera de su único y concluyente amanecer, es decir, el término de la perpetua e infructuosa captura del Uróboros.

Título de la serie fotográfica: Pájaro de mar por tierra

JM

jueves, 6 de junio de 2013

Mount Roraima (Venezuela) in 78 seconds

Entre las rocas y la vída endémica vegetal y animal, es el agua la que se cuela en los confines del mundo perdido.


excerpt from the song: "everything in its right place"
author: RADIOHEAD
photography by: John Marshall
twitter: @johnmarshall78

Título de la serie fotográfica: Una visión del Tepui Roraima

jueves, 2 de mayo de 2013

Cuerpos yuxtapuestos

Al dormir me doy cuenta súbitamente que la relación sintáctica de nuestras vidas dependen de las experiencias que se conjugan como oraciones condicionadas. Aquellas que dependen de un pivote o eslabones atados unos a otros. Si alguna de estas dependencias no existiesen, lo que procede tampoco. He tratado de definir esta situación como los "cuerpos yuxtapuestos", el cual no es más que la relación que se engloba perfectamente en un cuadro fotográfico, todo enmarcado por la existencia de un universo ajeno que adorna el entorno y se desenfoca, espacio físico que se anula y niega la inter-relación externa de los elementos sustanciales.

Yuxtaposición

Imaginemos que no existiesen otros individuos en las cercanías. De esta forma los cuerpos yuxtapuestos se disuelven y forman un espacio vital de cohexistencia, algo parecido a una cápsula hermética que no se puede integrar al entorno, ya que la anulación de uno, implica la desaparición del otro.

Con temor a quebrantar la delgada capa que limita mi sueño, abrí lentamente mis ojos y escuché bandadas de aves que se aproximan. Me dirijo hacia la ventana pero lo único que percibo son loros que se agrupan desordenadamente y ellos pasan desapercibido mi avistamiento. Es evidente que no soy parte de su festejo. Es decir, me siento ajeno a su formación grupal.

Me regreso a dormir a tu lado y ahora me doy cuenta que somos un conjunto. Una yuxtaposición formada por la adición de dos cuerpos. Un par que se une por los siguientes signos de puntuación: (,)/(;)/(.).

Título de la serie fotográfica: D'Film

JM

jueves, 4 de abril de 2013

La rebelión de los paraguas


"Hagamos hervir los hedores de la ciudad" - Así rezan las conciencias de los zapatos de los transeúntes -. Hombres, mujeres y niños corren, se agitan y chapotean en los charcos de las aguas residuales de la ciudad de Caracas. Bajo la lluvia las calles están plenas de cloacas y otros fluidos corporales. Fluidos que se entremezclan en una solución homogénea, empapando los dedos de los pies y las entrepiernas de las féminas que vociferan miles de blasfemias al unísono, propias del diablo que ha sido salpicado con agua bendita.

En el caminar de los transeúntes, el tránsito vehicular simula ser a la vista del bípedo un infinito camino de orugas que huyen del inminente diluvio universal. Las nubes, cargadas de un odio grisáceo se abruman como algodones enchumbados de filosas gotas de acero, chispas que despeinan nuestras cabelleras, nos enferman y nos arruinan el día; pero que misteriosamente, nos apaciguan al llegar a nuestras cálidas tabernas impregnadas de un profundo olor a hogar.

La Rebelión de los Paraguas

El tan ansiado destino. He allí un horizonte infinito. Cruzar los islotes de concreto, brincar las aceras y esperar los pasos peatonales para llegar, llegar, llegar… Es el sempiterno suplicio del transeúnte que en ausencia de un techo, saca abruptamente su paraguas y desliza suavemente su dedo pulgar sobre el botón-obturador, dando total apertura a una cúpula articulada semejante a una trinchera en tiempos de tormenta; revelándose así, en contra de los designios caprichosos de un niño malcriado que se hace llamar "palo de agua".

Así pues, se inicia la rebelión de los paraguas. Un llamado colectivo a la sublevación universal. La más pura forma de expresión de la soberbia sapiens, que en algunas ocasiones, estudiosos de las tendencias urbanas lo consideran un desfile de modas, mientras que otras personas, de menos jerarquía social, babosean pesares o gratificaciones según sea su situación bajo el imponente cielo agrisado. Un tapiz de agua celestial. Un tsunami que nos arremete sin piedad alguna.

Los paraguas en su esencia nos cubren con su sintética fibra omnipotente, entretejiendo las más cálidas historias de amor y dolor bajo su convexa morfología de domo. Una protección que amalgama los sentimientos encontrados, fundiendo situaciones estériles en encuentros furtivos. La clandestinidad de amantes que se besan sin cesar bajo un húmedo espacio confinado, en un perímetro circunferencialmente perfecto que permite agitar los humores que reverdecen con el calor corporal. Sudores que se entremezclan con el recio aguacero de un gran diluvio que empapa los hombros de los más intensos querubines.

Lo cierto es, que estos prácticos domos nos protegen de las viejas copetudas que chismosean hasta sangrarles la lengua, de los voyeristas que preparan su aguda vista a las humanidades desvalidas, nos defienden de maleantes, alimañas y de otros seres asquerosos que nacen de las más recónditas grietas del asfalto, nos resguardan de los charcos y de las cicatrices del inframundo, de los perturbadores de la paz, aquellos que roban al más desprevenido de los transeúntes, peatones que sin tener un paraguas se enfrentan a los turbulentos tiempos de una ciudad inundada, un hacinamiento de violentos aguaceros sociales que no solo deben enfrentarse con la paciencia, sino con la rebelión colectiva de paraguas enaltecidos.

 "Por alli escuché decir, que cuando llueve en el barrio se inunda la autopista"


Título de la serie fotográfica: D'Film

JM

jueves, 7 de marzo de 2013

*** C – a – r – a – c – a – s – e – n – p – r – e – s – e – n – t – e - c – o – n – t – i – n – u – o – ***


Cuando el olvido duele aún más que el recordar y la soñada idea de mantener a raya todas nuestras añoranzas desvanecieron las buenas costumbres de provincia, en ese mismo instante, justo en ese momento, el ciudadano esclarecido y la gallardía caraqueña transformaron el concreto y el ladrillo en vidas empaquetadas en pajareras. Un valle amurallado y confinado es la consecuencia directa de lo que dejamos de ser, vestigios latentes de una metrópoli que se precipitó a una pubertad enferma. Ciudad que se encuentra inmersa en una niñez madura, o mejor dicho, una adolescencia permanente que sigue fermentando hilos de eventos impredecibles. Situaciones que se describen a través de las conjugaciones del verbo copulativo “estar” y los gerundios de vidas entrelazadas que se desarrollan en la topografía irregular de u – n – a – c – i – u – d – a – d – e – n – p – r – e – s – e – n – t – e – c – o – n – t – i – n – u – o –".

Caracas, Venezuela.

Gasolina

Velocidad


Andando / caminando / viajando

estamos

viendo / conociendo / viviendo

lugares soñados

contando / riendo / llorando

una historia olvidada

Título de la serie fotográfica: D'Film (CCS en presente continuo)

jueves, 7 de febrero de 2013

Ventana Crepuscular


Al dar nuestro primer llanto como si fuese parte integral de nuestro ser, la muerte forma parte de nuestra vida. Nos habituamos a crepúsculos diarios. Millares de miradas trémulas divagan por las calles y avenidas llenas de gente, digamos que, contemplando personas que se quedaron en el olvido de vivir y a la deriva de ser tomadas en cuenta.

En el singular acto de mirar, son muchas las distancias transmigradas y las vidas caminadas por la anciana de la ventana. Todo se compactaría en el libro de su vida, aquel que simplemente yo llamaría: “el trayecto”.

La anciana quien ha recorrido años en vida, ha llenado cada página de su libro con garabatos y formas inentendibles. Cada pasar de página, representa una muerte segura del día, para adentrarse al oscuro progenitor de todas las madrugadas del mundo, la noche incierta. Un descuento de vida, un final inminente.

Sra. Guevara

Basta el plenilunio para ver nacer al sol, un paradójico ciclo donde se interrelaciona el nacimiento con la muerte. En ese continuum, encontramos una simbiosis perfecta de verbos encontrados que se resumirían en; “ver” y “cegar” / “nacer” y “morir”. Estas contradicciones, forman los garabatos que copan al gran libro de la vida y a su perfecta ubicación en la biblioteca universal de la historia. Son infinitas las miradas que tienen un principio y un fin, así como también hay páginas que terminan y noches que perecen. Todos los cambios sustanciales en la vida de la anciana han sido capitulados y editados en largos volúmenes empastados, hoja por hoja y letra por letra, resguardando en su extensa colección de vivencias las alegrías y las penas. 

Son infinitos los caracteres que al acumularse se archivan en alguno de los tramos inexplorados de la vasta biblioteca de la vida. Solo quedaría esperar a que algún bibliotecario busque y aprenda de las crónicas olvidadas de la anciana. Un libro longevo suspendido en el tiempo.

Socialite

Ya la anciana carece de juventud plena y se dispone a mirar por el retrovisor de su vida. Se percata de que los garabatos en cada página de su libro se han borrado permanentemente. Solo le queda divisar vagamente cada punto cardinal en una estrecha avenida del pueblo donde vive, una urbe que ampara la nostalgia de almas transmutadas en libros y los trazos de una existencia crepuscular.

Faceta

Ya en el poniente, como si la existencia se tratase de un oxímoron, todos, absolutamente todos nosotros, pertenecemos a esa “luz oscura” que tan contradictoriamente llamamos “vida”. Un trayecto ya escrito que culminará siempre con la expiración de nuestros garabatos.

Título de la serie fotográfica: D'Film (CCS en presente continuo)


JM

domingo, 13 de mayo de 2012

Sombreros, ancianos y el perro presencial


- 1 -

Esa desubicación temporal, es una sensación que cada domingo ha atormentado los amaneceres de Jonás. Fue el segundo domingo del mes de mayo cuando olvidó tomar su café religiosamente y eso cambió por completo el curso de su extraño día. Este infortunio amnésico de ésteres y cafeína, ocasionó un sustancial cambió en el transcurso dominical del aludido muchacho. Simplemente, fue un domingo diferente a los acostumbrados. – En efecto, así es... – dijo Jonás con determinación. Salió de su habitación y con premura se acercó a la esquina que colinda con la vieja emisora del pueblo. Un pequeño edificio ubicado en la plaza Bolívar del pueblo de la Grita.

Al aproximarse a la estación radiofónica, Jonás se percató de que sucedía algo inexplorable a su alrededor. Se respiraba una ensordecedora sensación de que todo estaba fuera de lugar, siendo su presencia excluida totalmente del universo circundante. El pequeño espacio de baldosa que Jonás estaba pisando en la plaza era su aliada ante lo impredecible, ambos formaban un islote desértico en medio de un ambiente que no les pertenecía. El tan querido pueblo natal, de inmediato se convirtió en un intrincado laberinto de seres de otra época que habitaban a sus anchas, éstos llevaban sombreros de diferentes estilos, a diferencia de los que habitaban en los confines del perímetro patrio, que no vestían de capota alguna. Más allá de los límites de donde se encontraba Jonás, los vecinos no lo podían escuchar ni lo podían ver, se sintió rodeado de seres deambulantes todos octogenarios y de lentos ademanes. Por así decirlo, eran seres casi inmóviles y vegetales, con taciturnos pesares y miradas melancólicas. Vestigios de un pueblo en tiempos de independencia.

  

Pasado algún tiempo el cuerpo del joven Jonás se hizo igualmente lento, y cerca de la iglesia, un perro lo veía con risueña ironía como si fuera el único ser que pudiese percibir su sublime presencia. Luego de avistarlo, se percató de que uno de los ancianos asombrerados¹ se le acercaba para hablarle. – Estás en medio de un “tempus praeteritum”– le susurró al oído el convaleciente ser. El atónito Jonás, ante el raro acercamiento del octogenario, le preguntó por qué todos ellos vestían de sombrero y por qué ninguno de sus vecinos en las afueras de la plaza Bolívar lo podían ver. – Hijo, llevamos sombreros porque esta indumentaria representó en su momento el réquiem consumado de las más honoríficas costumbres familiares, tradiciones que en tan solo minutos hemos olvidado, minutos que se transformaron en años y años que representaron el olvido de las buenas prácticas cotidianas – respondió el anciano mientras le temblaban armónicamente los labios. – Sencillamente, el sombrero es de gallardía. Transforma al hombre en un ser cabal, pero lastimosamente, lleva más de medio siglo colgado en el perchero del tiempo. Lo desconcertante, es que no nos hemos percatado de su temible ausencia en la humanidad – dijo el anciano desvaneciéndose y dejando un  agrio vacío en la existencia de Jonás. 

  

El anciano lo llenó de dudas más que de certeza. Pura ansiedad e inquietud de no responder a la interrogante más importante de todas, el por qué los vecinos y las otras personas en las cercanías de la plaza no lo podían ver. Situación que le resultaba angustiante debido al miedo y a la incertidumbre que Jonás tenía de su propia existencia. No obstante, Jonás aprovechó la ocasión para examinar las periferias de la plaza. Recordó de que llevaba consigo una de las cámaras fotográficas de su abuelo paterno, la Praktica PL Nova,  maquina de fabricación alemana que tenía un peso sobrehumano, como si en ella habitaran las almas de todos los seres fotografiados. Como si los objetos reflejados en su lente se hubiesen almacenado dentro del prisma ubicado en su interior.

Divisando a los octagenarios, Jonás tomó con firmeza su cámara fotográfica y al realizar la primera toma, uno de los ancianos asombrerados que se recostaba sobre una de las columnas de la catedral del Santo Cristo de la Grita se volteó de inmediato. El longevo ser vociferó fallidamente logrando un profundo bostezo. La imagen perduró en las sienes de Jonás haciéndolo reflexionar y argumentar acerca de los más ínfimos detalles humanos, muchos de los cuales lo llevaron a preguntarse de la irreversible evolución post-mortem de la industrialización y la automatización, de sus agobiantes resultados y de la falta de humanidad en los hombres. Aquellos que usan cascos de combate para crear caos, en vez de crear ideas. No se refiere a las doctrinas banales a las que nos tienen acostumbrados la academia y la universidad; sino más bien, ideas dignas que provengan de cabezas asombreradas. Es decir, ideas creyentes en la supremacía de las artes, las buenas costumbres y del libre pensamiento.


– Esa deducción, es la que quería escuchar hijo – replicó otro de los ancianos asombrerados que logró alcanzar uno de los hombros de Jonás. – los buenos sombreros nos diferencian de los seres patanes y ruines. Los soeces mal vivientes, son los que prescinden del debido sombrero. – ...y ante un desequilibrado vaivén, el desconocido anciano prosiguió con su monólogo. – La desgastada alopecia del hombre en los nuevos tiempos no tiene la menor idea de cómo llevar puesto un sombrero. No hay respeto alguno por la sociedad y la naturaleza.  Aunque el sombrero siempre se consideró preponderante en la civilización occidental, hoy es un simple artículo malhayado que no se aprecia en su forma, modelo o color. Es un artículo inútil. – añadió el anciano frugalmente con un aire desvalido. 

- 2 -


Previo a la despedida corpórea del anciano, - este terminó su breve intervención añadiendo - Pensamiento e idea son palabras que se acompañan incondicionalmente. La primera te exhorta a la acción, la segunda le da forma, contundencia y voluntad a la labor. Sin un adecuado sombrero, no hay una adecuada idea. Tu presencia es inadvertida porque no existes como ser, no estás muerto, pero simplemente eres uno más entre los tantos que se encuentran en la periferia de la plaza. Hasta hace pocos años terminábamos de titilar la superficie de un botón para enviar mensajes, y ahora, justo ahora en este preciso instante mientras reflexionas nos obligan a sintonizar la radio y a agarrarle el gusto a la pseudo-telepatía cuando apareció la imagen a distancia. La bi-direccionalidad en la información, las redes sociales y la internet han dado origen a la era digital, naciendo así los seres autómatas. Seres que en pocos años darán descendencia a criaturas calvas, todas calvas de pensamiento y de acción. - Segundos después, el anciano se desvaneció dejando una leve estela en el aire -.

Este último mensaje le dio menos temor e incertidumbre a Jonás. Con cámara en mano, el joven logró captar una que otra toma a larga distancia. Los seres asombrerados, ahora inadvertidos de su presencia posaban para él, no obstante, el perro que ahora descansaba en la entrada de la vieja emisora de la radio se veía desenfocado, se estaba desvaneciendo al igual que los ancianos que lo rodeaban. Todo parecía un sueño. En instantes, Jonás guardó su cámara fotográfica y el film había llegado a su tope de 36 exposiciones. Esto concluiría su vivencia en un entorno surrealista en medio de la plaza Bolívar del pueblo de la Grita en el estado Táchira.

par de compadres

Antes de salir de la plaza, - Jonás meditó en silencio y una frase le vino a la mente - así de ambiguo y así de complejo, es el hábito del sombrero. Por qué hemos dejado de usar sombreros - pensó al cruzar la calle -. ...y al caminar hacia la acera de enfrente, Jonás se vio a sí mismo enviando un mensaje desde su celular de última generación. Ahora él gozaba de la atención de todos los transeúntes, pero la gente, más allá de los confines de la plaza no se comunicaban entre sí y no se tocaban. No existía el acercamiento corpóreo. Todos, absolutamente todos esos seres representan para Jonás un monólogo inentendible. Un monólogo de temas superfluos e introspectivos en sí.

Al día siguiente Jonás tiró su celular al cesto de la basura y se compró un sombrero. Quiso cambiar el mundo. Después de ese lunes 14 de Mayo sus vecinos y familiares nunca más lo volvieron a ver.

Nota del autor: ¹ asombrerado: adj. dícese de aquel hombre que usa un sombrero.

Título de la serie fotográfica: D'Film (Gallardía Andina)

JM

viernes, 4 de mayo de 2012

El último de los baqueanos


El baqueano no conoce fronteras ni límites. Es un gallardo oficio arrebatado por el mal llamado progreso urbano que goza de muchos adjetivos para definirse a sí mismo. Aquel hombre pudiese responder a prodigiosos calificativos, propios de un rico vocabulario para enaltecer a tan prestigiosa obra de cruzar a monta o a pie, los más inhóspitos senderos de los páramos andinos, vírgenes de la hoz y del arado del hombre.

Daniel Toro "El Baqueano"

El baqueano que por años se hace conocedor del entorno; es ávido, versado, perito y para redundar, experto en las extensas llanuras. No le teme a la noche y se cataloga como fiel madrugador en las alboradas gélidas de la montaña, coexistiendo junto a la naturaleza donde el hombre y la bestia se aúnan al crespúsculo diario del ocaso. Su respiración no falla y los límites se achican. El tiempo deja de existir para que los minutos y segundos se filtren como agua en los vastos riachuelos andinos, siendo así, un elemento sin importancia en sus versadas decisiones. 

En el recorrido los riscos se unen con el cielo y la edad de la humanidad se hace ínfima. Un mar de frailejones tapizan el terreno árido de las montañas rocosas, donde los crudos vientos de la noche abruman la piel del baqueano que aún no llega a su destino final. Las bestias simpatizan con el esfuerzo y aunque la carga se haga pesada, decaer en el recorrido no es opción, más aún cuando la pasión de la labor sobrepasa imposibles. Mirar hacia atrás es dejar columnas de piedras sin acceso alguno para retornar. La neblina ofusca la vista del viajero que confunde el horizonte con las aterciopeladas hojas de los frailejones, que en ocasiones se tornan plateadas y a veces de un color verde pálido; formándose constelaciones vegetales que nos llenan cada mes de marzo de flores amarillas. Retoños que sirven de cocuyos al inagotable caminante de los páramos andinos.

las tapias...encofrados que perduran

Al llegar al fogón de su hogar, el baqueano cuenta sus hazañas y serán historias que quedarán como fábulas de pueblo. Los niños no creerán en los cuentos de camino y mucho menos creerán en la conquista de los picos nevados, ni de las largas travesías hostiles.

Estas perecederas palabras son dedicadas al que yo considero; “el último de los baqueanos”, Don Daniel Toro, que con su amor al páramo ha hecho realidad relatos de camino y recorridos imposibles, coexistiendo perfectamente en el inclemente entorno desértico del paramo merideño.

Desde la mesita redonda; el caballo, el gavilán y el ciote, son los fieles testigos de su largo camino recorrido.


Título de la serie fotográfica: D'Film (vidas, páramos y familias)
Versión full color: Daniel Toro "El Baqueano"

JM

sábado, 25 de febrero de 2012

Islote de concreto

Te ví y marché sin titubear...
al otro lado de la ciudad un islote de concreto nos separa de transeúntes sedientos de carbono.

El orgullo de Caracas...

JM

domingo, 18 de diciembre de 2011

We are the dispersion prism

Mr. Charles Notwen was an old man with no sense of humour; all day long he used to stare at the different patterns of the pavement while walking, astonished as he always does, he asked to himself why a visible spectrum of colours cannot fade to black (does it sound easy?), he was utterly sure there’s impossible to conceive a phenomenon in the mother nature that can melt those colours into a greyscale spectrum (from black to grey), in fact; is the white light that make us be thankful to see how a sunbeam can decompose into different wonderful colours.

From the age of reason (well known as the age of enlightenment), scientists like Isaac Newton have been trying to handle the light as we can ride a horse; Mr. Notwen indeed, has studied the Newton’s theory of colours with a stubborn attitude, but one day an absurd thought came abruptly to his forehead: it is possible to overturn the flow of white light into the prism in order to produce a greyscale rainbow?

touch of...solitude

Since that fabulous thinking, it wasn’t until an evening of March 31st 1727 when Mr. Notwen looked back over his shoulder and felt as he was being followed by someone else. Suddenly, he couldn’t realize why his shadow has been fading into different colours; it wasn’t a sunbeam or any other source of light that has contoured his silhouette. How could it be? His shadow is the only witness of his movement; the wall indeed is where shapes are printed like a vast – everlasting – book with a carbon copy of experiences ever seen before, an archive of different sketches that many people has left behind...Right there, the spectral colours are printed in a film that cannot be developed by the bystander, the frame itself is where remain thousand, or perhaps, millions of histories compressed in the forgotten memoirs of the humankind.

There’s no other witness than you (is what Mr. Notwen said to himself), your complement is a silhouette developed by the astonishing power of light, a touch of solitude, a memoir that will remain for ages in an eternal film.

Our shadow is an outcome of our decomposition, actually -we are the dispersion prism-.

Sir Isaac Newton died in his sleep in London on March 31st 1727.

From the set: D'Film (CCS en presente continuo)

JM